viernes, 5 de junio de 2009

PARADOJA (Crítica de The Visitor)

Walter Vale: un hombre ya maduro y viudo. Un alma solitaria en medio de una gran ciudad. El aparentemente ocupadísimo, aquel que se muestra tan serio, sin un ápice de corazón o de emotividad. Sin embargo, un día, el protagonista de una vida tan triste, encuentra una oportunidad para convertirse en el actor secundario de la trama de una familia que no es la suya. Comenzamos con las paradojas. Un viaje de trabajo le hace aprender a disfrutar. En Manhattan, se encuentra con desconocidos que compartirán con él su intimidad ya que vivirán en su propia casa.
W. Vale, se choca de lleno contra una realidad que le hace despertar, la de otras gentes que viven peor que él. Esta sorpresa le saca de su automatismo, de su sin-sentido, y le nacen las fuerzas para volver a vivir. Por fin puede mostrar su lado humano, tierno y hasta gracioso. Es paradójico pensar que lo sorprendente de esta historia es lo habitual que nos resulta. Walter Vale representa tú y yo, alguien para quien seguir adelante muchas veces supone llevar la vida a cuestas, alguien que se ahoga en un vaso de agua, una persona atrapada en la rutina y la monotonía, en el trabajo y el automatismo y que, aunque represente a una mayoría, vive ajeno a la realidad. Pero la vida da muchas vueltas. Y, en el caso de Walter, la ilusión que acaba con la desidia dura hasta que llegan la frustración y la impotencia de saber que quiere y no puede luchar contra algo tan grande: el sistema americano. Así encontramos: al inmigrante contra la nación de destino, la deportación que no es sino que te envíen al lugar del que has venido y al que, para más INRI no quieres volver. Y sigue: el ciudadano natural que ve más allá de lo establecido, que cuestiona lo incuestionable, que se enfrenta a lo inamovible. La hormiga contra el mundo.
Lo mejor de la película es su sencillez a la hora de reflejar lo complicado que es el mundo, lo cual tampoco deja de ser otra paradoja. Se cuenta la historia de dos mundos completamente diferentes: el tercero y el primero. Este último representado por la bandera americana a la que estamos tan acostumbrados a ver en las películas para simbolizar la victoria, el triunfo, el éxito, el avance y hasta la felicidad. Bandera que en The Visitor se nos muestra literalmente borrosa.

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