No deja de ser curiosa, cuanto menos, la opinión que determinados cineastas tienen sobre el mundo de la crítica y todo cuanto la rodea. Ese desprecio pagado con desprecio debía de ser suficiente moneda de cambio, porque de egos, unos y otros suelen ir mas que sobrados.
Todos escuchamos estupideces a diario, y esa coletilla de que hablen, aunque sea para mal, no es del todo falsa.
Hechas las presentaciones, lo demás es perder el tiempo. Y en el cine, como en todo, cada cual tiene un culo. Frase hecha y modificada donde las haya.
En este documental Maria de Medeiros pone la cámara para que cada uno se desfogue como buenamente pueda. Dos decenas de críticos internacional disertan de polo a polo sobre lo que el cine significa para ellos, sobre la labor de la crítica, sobre machismos, clanes, tendencias. Sobre negocio. Sobre arte. Sobre un pasado que siempre fue mejor, porque todo desde un retrovisor parece mas pequeñito, como con más encanto.
Me sobran las justificaciones de ambos bandos. Me sobra Almodovar lamiéndose las heridas. Me sobra ese crítico que desde una cama nos habla de lo divino y de lo divino. Demasiado ello a la caza de un SuperYo donde cobijarse.
Entre visillos, se ven los tan traídos directores frustrados convertidos en críticos, los resentidos directores maltratados que una vez fueron queridos, los cineastas que miran hacia otro lado mientras el viento les sopla a favor. Tipos excéntricos donde los haya, peculiares versiones extranjeras de críticos autóctonos conocidos por todos, unos amantes, otros amados, pero presuponiendo en todo caso que saben lo que es el amor, y aquí el amor es el cine.
También hay lugar para fetiches en la cinta (el centenario Oliveira, el descolocado Caetano Veloso). Para alarmentes odios (Mika Kaurismaki). Para la bondad y la clase (Reygadas). Para el tedio (Win Wenders).
Me quedo con la ironía que camufla el humor y con ese sabor global que destila el documental en el que hay vencedores y vencidos. Que cada uno se agarre donde pueda. A mi hace algún tiempo que me conquisto esa enigmática atracción por los perdedores.
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